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Mostrando las entradas etiquetadas como reportaje documental television

Un poco de historia

1896 , casi un centenar de camarógrafos de Lumière recorren el mundo: “ El mercado de pescado de Marsella”, “Carga de los lanceros austríacos”, “Carreras de Melbourne”, “Escenas con góndola en Venecia” son sólo unas cuantas de las, aproximadamente, 750 filmaciones que realizan. En Noviembre del mismo año, después de plasmar en película la ceremonia de coronación del Zar Nicolás II, una multitud de 700.000 rusos se agolpan para recibir al hijo de Alejandro III, y recibir también la comida con la que se solía compensar a la muchedumbre en tales fastos. En una avalancha mueren más de 2000 personas. La cámara de los Lumière estaba allí, pero el artilugio fue confiscado, la película probablemente destruida y su operador detenido junto con otros testigos occidentales. En la prensa rusa no apareció ni una palabra de lo sucedido. Mal augurio para el reinado del Zar Romanov, y malo también para el oficio de camarógrafo. 1898 , guerra entre España y Estados Unidos. 750 soldados españoles defi...

El documental y el reportaje, la mirada del hereje

"La mirada del hereje es aquella que escruta a hurtadillas un objeto que ni si quiera tiene derecho a codiciar" El documental tiene demasiada historia como para los que hacemos reportajes en televisión nos conformemos con ser herejes de un género justamente elevado a la categoría de culto. Debemos alimentarnos de su propia esencia e infectarnos de sus mismas enfermedades para no ser novicios en los mismos templos, ni peregrinos perdidos en los mismos senderos. Podemos y debemos volver a visitar espacios comunes y recorrer los mismos caminos, pero sería de ilusos hacerlo vacíos de equipaje. Y para justificar mi miedo de ser hereje de una actividad creadora de tanta magnitud, quiero reproducir un texto que me produjo mucha desazón. El autor es el cineasta y documentalista Jean Breschand, de su libro “El documental, la otra cara del cine” , dentro de la serie “Los pequeños cuadernos de Cahiers du Cinéma” . “El documental no es el reportaje. Aunque recurran a las mismas téc...

Empezar un reportaje

“Me dirigí hacia un lugar tan sublime y tan remoto, que para llegar, quise aprender todo sobre el camino…, y me olvide de mi destino. Me apasioné tanto comprendiendo el camino, que me empeñé en dominar mis pasos para que fluyeran precisos entre sus sutiles texturas y matices…, y obcecado, me olvidé el camino. Y tanto quise perfeccionar la habilidad de mis pasos, que sobre los mismos formulé teorías y tratados, alejándome tanto de mis naturales instintos, que confundido me olvidé de caminar. Ahora estoy solo, inmóvil en el páramo, entre el cielo y la tierra, preguntándome, a dónde, por dónde y cómo voy a ese lugar tan sublime y remoto al que un día quise llegar”. Cada documental que creamos nos concede una experiencia personal inigualable. Pero ese alma que robamos a nuestra historia y personajes nos castiga severamente. Nos prohíbe esa obscenidad que supondría el reciclaje de mundos ajenos a los propios de un nuevo documental. Cuando abordamos un nuevo tema somos intrusos que ...

Las tensiones del reportaje

“Me encontraba desorientado en medio de un puente, no sabía de qué lado venía ni a cual me dirigía. Me desesperé mirando hacia adelante y hacia atrás, hasta que turbado miré a un lado, y descubrí el río que cruzaba bajo mis pies. Pude apreciar su encanto desde el mejor lugar posible, el de la serenidad que da el no estar seguro de un origen ni de un destino.” Ya he comentado que el buen reportaje apenas debe servirse de experiencias adquiridas. Tampoco hay conceptos absolutos a los que asirse. La fuerza que nos permite avanzar la proporciona la tensión agónica entre dos criterios opuestos. Si nos acercamos a un extremo más tirará de nosotros el contrario. Si queremos empaparnos de la historia involucrándonos en ella, la distancia objetiva para comprenderla deberá torturarnos para arrancarnos de tan cómodos brazos. Pero si queremos aislarnos y alejarnos del centro de la historia en busca de la objetividad, el alma de los personajes, con sus aristas y dobleces, pasarán desapercibidos...